Aunque no empezó de la mejor manera posible fue mejorando exponencialmente. Gente maravillosa, ideas geniales, abrazos mucho más que ricos, risas, buen rollo... Y todo rodeada de gente que admiraba antes y a la que ahora, además de admirar, respeto y valoro más por ponerse a un nivel más bajito, ese donde estoy yo, sin hacerme sentir ni un solo momento por debajo de ellos.
Os agradezco vuestras manos, vuestra colaboración para que todo fuera como fue, vuestros abrazos, vuestros mimos, vuestra preocupación y, sobre todo, vuestro compartir. Y hablo de compartir lo mejor que tenemos: nuestros yos, nuestras vidas. El sábado, en Salamanca, cada uno disteis lo mejor de vosotros, todos repartisteis vuestro tiempo, vuestras sonrisas, lo que sois para ayudarme y para ayudarnos a todos a creer en un mundo mejor, en un mundo que, en vuestras manos, será mejor.
Siempre dije que quería ser maestra para cambiar el mundo: ahora estoy segura de que no estoy sola en esa tarea.
Gracias. Una y mil veces, gracias.